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ANA JUAN Y EL VIOLENTO OFICIO DE ILUSTRAR

Para llegar a la sencillez y a la claridad hay que haber recorrido el tiempo, y el espacio. Los años traen la experiencia y los diferentes lugares que habitamos aportan la sabiduría de aprender a conocer y valorar lo cotidiano. Ana Juan ha recorrido estos caminos. Quizás tengan que ver sus pasos por publicaciones como Madriz o The New Yorker, ser autora de libros como Amantes o Snowhite, o las diferentes huidas, domésticas o internacionales, que ha emprendido a lo largo de su vida. “Me dejo llevar por el destino, por las cosas que ocurren. Yo soy un poco barco a la deriva. Me gusta la libertad y no tener planes a más de tres meses”.
©Laura M. Lombardia
Esto nos lo cuenta Ana Juan en su casa de Madrid, mientras nos sirve un té caliente que contrasta con el frío de afuera. Pero no es el único contraste. Ella es abierta, suave, y tiene una amplia sonrisa que invita al diálogo, una imagen muy diferente a la inquietud que provocan sus ilustraciones. Nos preguntamos: ¿tendrá un lado oscuro?, y nos advierte que la oscuridad solo existe cuando cerramos los ojos.
El privilegio de equivocarnos
En tu trabajo y en tu vida tienes que ser honrado y tener la valentía de decir "esto es lo que soy y sé que no voy a conseguir ser otra cosa”.
En este juego de descubrimiento “al lector solo le puedes dar pistas, insinuar, contarle un poco lo que ocurre para que pueda imaginar el antes y el después”
Las imágenes hablan. Están ahí para contar, para dar su propio testimonio sobre la historia. Otras, en cambio, callan para dejar actuar a la imaginación del lector. Nace, así, la sugerencia. “Cuentas algo simplemente porque una ventana está abierta y hay una pequeña luz. Observas algo que te inquieta y no porque te da miedo, sino porque te perturba. Y te preguntas a ti mismo ¿qué es lo que pasa ahí?, ¿por qué? Esas son las cosas que me gustan”.
Por eso cada imagen de los libros de Ana narra y en ellos nada está puesto al azar. “Hay profesores que me han dicho cuatro o cinco cosas que sigo recordando. Las imágenes no son planas, tienen un espacio. Por eso me gustan mucho las atmósferas”. En ellas, “a veces están contadas dos o tres historias al mismo tiempo. Son pequeñas historias que ocurren alrededor de la principal y que enriquecen lo que estás contando. Y eso da pie al lector a replantearse lo que pensaba hasta ese momento”. Así se crea un conjunto que a veces inquieta, otras emociona y siempre conmueve, pero que a ella desconcierta: “Me sorprende lo que ve la gente en mi trabajo, porque ¡hay artistas que hacen cosas tan bonitas y tan bien! En más de una ocasión alguien ha llorado delante de mí. Entonces me pregunto ¿qué es lo que verá? Yo no pretendía esto... Tan solo he hecho mi trabajo lo mejor que he podido. Y sí, es bonito que te ocurran estas cosas, aunque a veces asusta. Pero, claro, cuando uno no es capaz de controlar lo que quiere transmitir proyecta todas sus emociones, todos sus miedos, sus fantasmas. Todas tus cosas están en tu trabajo y quizás sea eso lo que la gente percibe”.
Nos confiesa entonces que esta capacidad para conectar con el público es más producto del esfuerzo que de la facilidad. “No tengo talento para dibujar. No tengo facilidad. Hay gente que nace con ella. Yo, en cambio, la he ido creando poco a poco, porque soy muy trabajadora. Me preguntan: “¿cuál es tu estilo?” Pues mi estilo es el producto de mis carencias. No tener esa brillantez que tienen algunos ha sido una ventaja, porque me ha llevado a indagar y a buscar soluciones”.
©Laura M. Lombardia
Ana, además tiene otra ventaja: considera el error como uno de sus grandes aliados. “Todos tenemos el gran privilegio de equivocarnos: en el trabajo, en el amor, en la vida… Darse cuenta de que uno se ha equivocado, y deshacer el camino, es un lujo. Quiero tener tiempo para equivocarme, para hacer y deshacer como Penélope, para poder trabajar y darme cuenta de que no estaba yendo hacia donde quería ir y volver hacia atrás, porque durante ese tiempo he aprendido muchas cosas que puedo volcar, por ejemplo, en otro trabajo. Mucha gente me pregunta por soluciones: ¿Cómo has conseguido hacer esto? Explícame. Quieren las fórmulas con las que he conseguido llegar aquí, pero no se dan cuenta de que no hay métodos ni maestros; el camino es personal y, para llegar, tienes que equivocarte”. Un camino que, en su caso, está lleno de satisfacciones. “Lo que más me divierte de mi trabajo es pensar, proyectar, planear; porque al principio todo es posible. Cuando empiezas a bocetar comienzas a sufrir. Me seducen los proyectos que me propongan un reto y que tengan algo de aventura, pero no en el sentido tradicional, sino en el de una aventura interior, aquella que te hace enfrentarte a algo que no conocías, que le tenías miedo o que te lleva más allá de estar leyendo un libro”.
"Todas las historias de amor son únicas"
“Hay que leer Amantes poco a poco, en diferentes etapas. Es un libro que puedes apreciar mejor historia por historia. Tampoco tiene una linealidad. Puedes leer la primera historia que te encuentres por azar”
Amantes reúne once historias. Cada una narrada en ocho imágenes, donde el erotismo y el amor se entrecruzan. ¿Qué historia de amor nunca debería dejar de ser contada?, preguntamos. “Todas las historias de amor son únicas. No por ser más épicas o tener protagonistas más glamurosos son más bonitas o emocionantes. Hay historias de amor tan sencillas, tan emotivas… Hay gente que ha sido feliz toda la vida simplemente queriéndose, cuidándose el uno al otro, respetándose. Claro que también hay otras experiencias que son rocambolescas, pero que luego son menos verdaderas que aquellas vividas por parejas que consiguen sobrellevar el día a día, con lo que eso desgasta y puede minar el amor”.
De todos los relatos del libro, su favorito es el primero, aunque “la última historia también tiene sus momentos”. Sin embargo, “muchas veces lo que menos te gusta a ti es lo que más le gusta al público. Lo mágico de eso es que los demás ven cosas que tú eres incapaz de ver. Interpretas la imagen a través de tus vivencias, de lo que has aprendido, de lo que has sufrido, de lo que has amado, llorado, vivido, reído… Entonces, ahí ves otra cosa que yo no veo. Yo tengo otra óptica desde la técnica y la narrativa. Ante una obra de arte, tanto la crítica como la espectadora luchan por su lugar. Eso sí, hay artistas que han logrado vencer su mirada técnica para robarle el corazón: recuerdo de pequeña los cuadros de Vermeer, me impactaron mucho. No los esperaba tan pequeños, tan humildes, con todo lo que hay detrás de ellos”.


La música
está empezando
a sonar.
Fiel a nuestra cita estoy,
con el corazón
a punto
de estallar.

"El amor fiel", Amantes
Cuando Ana escribió Amantes estaba en París en una de sus tantas huidas. Pero, ¿de qué escapaba? Nos confiesa que “uno huye de sí mismo, de las cosas que no le gustan, de aquellas a las que le da miedo enfrentarse o de las cosas que no tiene la valentía de hacer. De vez en cuando los fantasmas siempre aparecen. Los lleva uno consigo". Aunque reconoce que ya no huye tanto: “hay que aceptarlo, uno es como es. Tus miedos y tus fantasmas te acompañan… Hay que aprender a llevarse bien con ellos. Las convivencias siempre son difíciles, pero a ellos les gusta estar cerca”.
Palabras, libros y despedida
“Me gusta contar historias, y que me cuenten historias en películas, libros o canciones”
Nuestro encuentro con ella llega a su fin. Hablamos de la lectura, y si algo nos deja claro es que no le gustan las prisas: “Lo confieso, no soy muy buena lectora, porque me paso la vida leyendo y analizando para ilustrar. Continuamente se dice ‘hay que leer, hay que leer’ y se forma una especie de olimpiada consumista. No me gusta. Prefiero releer aquello que me ha emocionado o no tendría que haber leído con una edad determinada”.
Sin embargo, el libro como objeto está en el centro de sus pasiones: una exposición no deja de ser una sucesión de cuadros. Es difícil contar una historia así. En cambio, en el libro, todo toma sentido.
Ya decíamos que para llegar a la sencillez y a la claridad hay que haber recorrido el tiempo, el espacio, y Ana Juan, desde luego, lo ha hecho. Su trabajo la ha llevado a diferentes puertos, donde hay premios, lectores y una larga lista de proyectos. ¿Secreto? ¿Método? Ella sonríe y se despide: “Intento vivir y disfrutar de mi trabajo. La vida me ha dado unas cartas que yo he jugado más o menos bien… y sigo jugando con ellas”.
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Muestras de sus obras para ilustración editorial y publicitaria, sus esculturas en cerámica o madera, joyas diseñadas por ella... Una web para conocer en profundidad la obra de la artista valenciana